La nostalgia de un clásico, la historia del yate a vela Zaca

Prensa Publicado:29/01/2018

Hace ya años que oí hablar por primera vez del Zaca. Hasta entonces era una historia desconocida para mi, pero enseguida me cautivaron las aventuras y desventuras del barco y del que fue, durante un tiempo su dueño.

Mi descubrimiento del Zaca fue de una manera casual, solía pasear a mi perro por el parque del Instituto Oceanográfico, allí coincidía con un señor mayor, de piel curtida por el sol y el viento, quien también paseaba a su perro y que se llamaba Mariano Vallejos. Mariano en sus años de juventud había sido marinero en el Zaca y había trabajado para su ilustre dueño en la época en que el barco estaba en Palma. Se trataba del actor Errol Flynn.

Sus historias me cautivaron y decidí saber más sobre el Zaca al que me habían descrito como un barco impresionante y a fe mía que lo era. Descubrí que el pobre había llegado a la condición de barco abandonado, la más triste que considero que, un ser semivivo, como es un barco, puede alcanzar. Ese ha sido el destino para maravillosas piezas del patrimonio histórico español, el desguace y la venta como chatarra. Es cierto que el Zaca no era español, pero si era mallorquín de adopción, y había prestado importantes servicios a Mallorca de cara a su promoción turística internacional, en una época de turismo incipiente, para no tenerlo en cuenta. De nuevo tuvo que ser la iniciativa privada quien lo rescató del abandono, lo restauró y lo devolvió a la vida, surcando nuevamente los mares, como hoy sigue haciendo.

El velero volvió a visitar la que fue su casa, el Real Club Náutico de Palma hace unos pocos años, ya que tuvo su base allí entre 1955 y 1959. El Zaca, registrado en el puerto de San Francisco es una espectacular goleta de 43 metros de eslora. Pocos veleros en el mundo están rodeados de más misterio y leyenda que el Zaca. Botado en los albores de la gran depresión americana ha navegado a lo largo de setenta años de historia pasando de una increíble aventura a otra. Hoy en día, atracado en Mónaco, el Zaca sigue siendo un tema de fascinación en los círculos náuticos.

Construir una goleta del tamaño de Zaca no era empresa fácil. Su diseñador Garland Rotch y su armador Templeton Crocker miraban a través de la Bahía de San Francisco hacia Sausalito donde estaba el astillero de los constructores Ernie y Antonio Nunes. El buque de 118 pies, 43 metros, era demasiado grande como para ser construido en el astillero Brothers Nunes así que, en agosto de 1929, su quilla se colocó al lado de su varadero, en medio de la calle principal de Sausalito. Una semana más tarde, el mercado de valores se derrumbó. Pero aún cuando la Gran Depresión se extendió por Estados Unidos, la construcción del Zaca siguió viento en popa.

Durante el primer viaje del Zaca en 1930, Templeton Crocker, su armador, conoció a SM Lambert en Fiji. Lambert, un doctor en medicina tropical de la Fundación Rockefeller, asombró a Crocker con historias de regiones aisladas y sin explorar en las Islas Salomón. Allí, dijo Lambert, vivía una tribu de polinesios que, no habiendo tenido ningún contacto con los hombres blancos, eran los únicos vestigios de una civilización prehistórica. Despertó tal sed de aventura en Crocker que navegó a lo largo y ancho de toda la Polinesia.

Con la entrada de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial en 1941, cada yate privado considerado con cualidades marineras fue requisado por la Armada. Crocker recibió sólo 35.000 dólares por su amada goleta valorada en 350.000. El Zaca fue pintado de gris naval, rebautizado USS Zaca (IX-73), y entró en servicio patrullando una zona a 500 millas de la costa de Eureka, en California. En una ocasión llegó a detectar la vela de un supuesto submarino japonés en una de sus patrullas. La misión normal del Zaca consistía en actuar como una estación de radio avanzada para comunicar avistamientos de barcos enemigos, aunque fue artillado con dos ametralladoras del calibre 50 por si acaso.

Cuando regresaba a Treasury Island en San Francisco Bay cada tres semanas, su congelador se rellanada automáticamente de salmón, pescado muy abundante en la época. En 1944, el Zaca fue sustituido por una lancha patrullera y en 1945 fue dado de baja y, ya muy desgastado, fue subastado, junto con varios yates más.

En 1945, Errol Flynn compró el Zaca, al que consideraba como el “barco de sus sueños” a quien era su propietario, el especulador Joe Rosenberg. Flynn completó su reforma finalizándola pintando el barco de blanco. Se hizo a la mar en 1946, en compañía de un equipo científico encabezado por el biólogo marino Carl Hubbs, a quien Errol consideraba su padre científico y acompañado de una amalgama de actores, familiares, y un equipo de filmación documental, viajando a Acapulco en una "expedición científica" que se convirtió en un fiasco. Después de que todos hubieran abandonado el barco en Acapulco, Flynn contrató a una tripulación mexicana y alquiló el Zaca a Orson Welles y Rita Hayworth para el rodaje de La dama de Shanghai. En 1947, el Zaca reapareció en Port Antonio, Jamaica, puerto al que Flynn solía llamar “casa”. Entonces decidió zarpar hacia el Mediterráneo en 1950 con una tripulación enrolada en Jamaica, en la que estaba incluido Mariano Vallejos, quien en aquella época navegaba en aguas del caribe.

Flynn llegó por primera vez a Mallorca en 1950. Hacía poco que se había casado con Patrice Wymore en Mónaco y se dirigía a Gibraltar, pero un fuerte temporal le obligó a alterar su rumbo y buscar refugio en Pollença. La costa norte de la Isla le cautivó de inmediato. A partir de ese momento sus visitas al Club Náutico de Palma fueron regulares, hasta que, a medidos de la década, estableció su puerto base en la capital balear.

Tras la muerte de Flynn en 1959, el Zaca se quedó en su amarre del Club Náutico de Palma, con una mínima tripulación para su mantenimiento con el poco dinero que Patrice Wymore podía conseguir. Los abogados de la herencia de Flynn, mientras tanto, estaban conspirando para deshacerse del barco. Finalmente, acordaron encargarle su venta al millonario playboy inglés Freddie Tinsley, quien había asegurado que podía venderlo en Francia. Una vez en Francia, Tinsley despojó al Zaca de todo lo que tuviera algo de valor y en 1965, lo abandonó en el astillero de Bernard Voisin de Villefranche Sur Mer. Voisin finalmente, se quedó con los despojos del Zaca a cuenta del dinero que se le debía.

El Zaca se deterioró aún más y se convirtió en un barco abandonado, en una especie de barco fantasma. Surgieron muchas leyendas a su alrededor en aquella época, los lugareños afirmaban que había apariciones de Errol Flynn en la embarcación y que se producían sonidos de fiestas salvajes por las noches. Todo esto terminó en 1979 después de un doble exorcismo Anglicano-Católico.

Posteriormente, en 1987 el magnate inglés de la electrónica Phillip Coussins compró el astillero de Voisin sólo para quedarse con el Zaca, pero el acuerdo terminó en los tribunales franceses en un pleito que duró dos años. En 1990 Coussins terminó vendiendo el Zaca, hundido, al empresario italiano Roberto Memmo.

Después de dos años de una amplia reconstrucción en Toulón, el Zaca hizo su gran reaparición en la regata clásica de Mónaco en 1993. El Zaca se convirtió en uno de los mejores yates del mundo. Su Capitán, Bruno Dal Pias, y una tripulación regular de cuatro hombres mantienen al Zaca ocupado, visitando puertos como Punta Ala, Gaeta, Capri, Cagliari, y el Egeo. El nuevo propietario Roberto Memmo ha invitado a navegar en el Zaca a numerosos líderes mundiales, escritores, estrellas de cine y el barco ha sido objeto de varios documentales. Durante el verano, el Zaca se puede ser visto navegando, en las más importantes regatas del Mediterráneo. En el invierno se le puede encontrar, descansando, en su puesto de atraque en el Puerto de Fontvieille en Montecarlo.

Errol Flynn, depresivo por las acusaciones de violación hechas en su contra, intentó suicidarse una noche del año 1943, una de tantas noches de borrachera, pero esta vez, en soledad, le falló el coraje o quizás la pistola, el caso es que no consiguió su propósito y en vez de suicidarse se compró un barco, el Zaca. Lo había encontrado ojeando una revista de yates, vió al que le pareció precioso, una embarcación de ensueño llamada Zaca, palabra samoana que significa paz.

El Zaca fue para Errol Flynn un símbolo, como sólo un velero puede llegar a serlo, un símbolo de rebelde, de conquistador, y para simbolizarlo puso en la proa del barco un mascarón con la figura un gallo cacareando, que era lo que él había estado haciendo desde que llegó a Hollywood en 1935, según él mismo afirmaba.